El Perdón.
Dice Martín Valverde, un cantante de música cristiana, que perdonar no es olvidar, es saber recordar sin dolor. El perdón no es más que un reflejo de amor; no podemos perdonar si no amamos a quien estamos perdonando. Nosotros estamos llamados siempre a amar, a nuestros amigos y a nuestros enemigos, de la misma forma en la que nos amamos a nosotros mismos (Lucas 10:27); por lo tanto, también estamos llamados a perdonar a nuestros amigos, como fruto de nuestro amor por ellos.
Ahora bien, todo en teoría parece fácil de comprender, pero en la práctica, perdonar es algo más difícil de digerir, por ejemplo, aunque suene muy novelesco, pensemos en si la novia o el novio nos traiciona con el mejor amigo, ¿estamos dispuestos a perdonar, a reflejar nuestro amor por ellos en forma de perdón? Ahora bien, esta situación tan de telenovela, nos sirve también para hablar del siguiente punto que queremos tocar, la confianza. Pues si bien es cierto, podemos perdonas, y recordar sin rencor, las cosas muchas veces jamás podrán ser como antes, pues perder la confianza en un amigo o de la pareja, son palabras serias, la confianza tarda a veces años en formarse y consolidarse, y basta un segundo para perderla.
La Confianza.
Eclesiástico 27: 16-21.
“… El que descubre secretos no es de fiar, no encontrará amigos íntimos. Ama a tu amigo y confíate a él; pero si has descubierto sus secretos no vayas más con él, pues como el que destruye a su víctima, así has destruido la amistad con tu prójimo; como pájaro que has dejado escapar de tu mano, así has perdido a tu amigo y no lo recobrarás. No vayas detrás de él, que ya está lejos, ha huido como gacela que escapa de la trampa. Pues una herida se puede vendar, pero el que descubre un secreto nada puede esperar…”
Para este pasaje debemos entender que descubrir secretos no se refiere a darse cuenta de algo que el amigo guardaba, sino a contar los secretos que se habían confiado. Parece mentira que algo que tanta gente desvaloriza como un secreto, pueda ser tan importante; cuántas veces hemos oído chismes, y con el típico cuento de no le cuente a nadie, se van propagando y propagando aquellos secretos de dos amigos. Pues bien, la confianza es algo que debemos valorar en una amistad, y tener siempre claro que la pérdida de confianza implica pérdida de amistad, pérdida de un tesoro puesto por Dios en tus manos.
Eclesiástico 22: 19-26
“… Quien hiere el ojo, hace brotar lágrimas; quien hiere el corazón, descubre sentimientos. Quien tira una piedra a los pájaros, los espanta; quien injuria a un amigo, rompe la amistad. Aunque hayas sacado la espada contra tu amigo, no te angusties, que aún puede haber arreglo; si has abierto la boca contra tu amigo, no temas, es posible la reconciliación; a no ser que haya ofensa, desprecio o un secreto descubierto, o golpe a traición, porque entonces tu amigo se irá. Gana la confianza de tu prójimo en su pobreza, para que en su prosperidad puedas gozar con él; en los días adversos permanece a su lado, para que cuando herede, recibas también tu parte. El humo y el vapor del horno anuncian llamas, así las injurias anuncian sangre. Jamás me avergonzaré de proteger a un amigo, ni me ocultaré para que no me vea; y si algún mal me sobreviene por su culpa, todos los que lo sepan tendrán cuidado con él…”
Jesús.
OK, hasta el momento hemos hablado muchas cosas sobre la amistad, basadas en el libro de Eclesiástico; para hacer un repaso rápido, hablamos de verdaderos amigos, de estar en las buenas y en las malas, sobre ser detallistas, sobre preservar amigos, sobre el perdón y la confianza.
Si vamos viendo a Jesús en función de su amistad con nosotros, podemos ir descubriendo que Jesús está siempre, en las buenas y en las malas; que es lo suficientemente detallista como para alegrarnos la vida de mil formas, y que aunque muchas veces no abramos bien los ojos, él nos pasa regalando detalles todos los días de la vida, cada segundo; además Jesús nos preserva como sus amigos siempre, y nunca se ha alejado; sabe mucho de perdón, tanto así que entregó su vida, en una muerte en cruz para que todas nuestras ofensas fueran perdonadas; y podemos confiar en él, en su amor eterno; Jesús es el máximo ejemplo en todo, es la perfección divina hecha hombre, por lo tanto siempre es y será el mejor ejemplo de todo aquello que somos como hombres, es el mejor ejemplo de hijo, de pastor, de servidor, y en este caso de amigo.
Un día nos dijo: “… Mi mandamiento es éste: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado, Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos, ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. En adelante, y no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre…” (Juan 15: 12-15)
Apr 1, 2008
2:38 PM